Les dejo acá el artículo
Paolo Colonnello se moja por lo que cree. Acaba de lanzar a nivel regional Bligoo, una metacomunidad online con la que se apresta a cambiar el mundo.
Por Federico Willoughby Olivos; Foto, Veronica Ortiz.
Puede
un chileno ser el próximo Bill Gates? ¿Puede un tipo que estudió
ingeniería en la Universidad de Santiago hacer un negocio que termine
facturando billones de dólares? ¿Puede una oficina en Las Condes poner
nerviosos a los tipos que dirigen el mundo desde Silicon Valley? Obvio
que sí. Todavía no pasa, pero cuando pase, seguro que ese chileno será
Paolo Colonnello, que el negocio será su empresa Blue Company y que
todo lo dirigirá desde su oficina. Y cuando todo esto pase, le puedo
asegurar que Paolo no se sorprenderá en lo más mínimo. “Cuando partí
con Blue Company no quería ser una empresa de tecnología más; tampoco
quería ser una consultora. Mira, yo no estaba para ganar un sueldo,
sino para construir una épica, para cambiar el mundo desde Chile”,
relata el propio Colonnello frente a una pizarra llena de fórmulas,
cifras y flujos.
Pero... momento. ¿Quién es Paolo Colonnello? ¿Qué es Blue Company? Y,
más importante: ¿por qué podría él desde Chile cambiar el mundo? Lo
cierto es que las respuestas a estas preguntas empezaron hace 14 años,
específicamente cuando Paolo, todavía estudiante de Ingeniería,
descubría la Internet. Y ojo, cuando hablamos de la Internet de 1995
estamos hablando de un engendro informático que sí, era la red de
computadores más poderosa del planeta, pero también era un medio donde
la web no existía, donde no se navegaba, sino que se programaba y que,
de comercial, no tenía nada.
No obstante, Colonnello supo que algo venía, que una red que conectaba
al globo entero en cosa de segundos no podía, ni debía, ser tomada a la
ligera. “Armé con compañeros de universidad una empresa que se llamaba
Dasein, que es un término que empleaba Heidegger y que significa
arrojo. Básicamente, nos dedicábamos a diseñar páginas web. Fuimos de
los primeros en Chile y en poco tiempo teníamos como clientes a
BellSouth, Renta Nacional y el sitio del Zoológico. Y si bien no nos
llenamos los bolsillos, igual nos pagábamos los sueldos con holgura”,
agrega.
Después de un rato, la empresa se disolvió, Colonnello terminó sus
estudios y fue rápidamente contratado por la multinacional Bussiness
Design Association (BDA). Corría el año 99, el mundo vivía la burbuja
de las puntocom y Colonnello partía a San Francisco a trabajar y, de
paso, a conocer de primera fuente un mundo donde los bytes valían oro.
“Era impresionante, estaba en una ciudad donde todo estaba pasando,
donde había ideas, ganas y mucha, pero mucha plata”.
Lamentablemente para él, BDA fue comprada por una empresa irlandesa
que, viendo la capacidad de nuestro protagonista, le ofreció
rápidamente un trabajo en tierras celtas, lo que desestimó. “Quería
hacer cosas en Chile, volví lleno de ideas y, pese a que la euforia de
las puntocom empezaba a decaer, agarré una idea, armé un plan de
negocios y junté un millón de dólares en capital”. Su idea se llamaba
Estaok.com y, en palabras de su creador, era “un B2B colaborativo” que
–finalmente– no resultó por depender de una tecnología norteamericana
muy cara y porque tampoco levantó suficientes clientes. Así, para 2001
Paolo Colonnello cerraba la cortina de su segundo emprendimiento.
Pero claro, sus genes italianos deben haber instalado algo de tozudez
en su ADN, porque no pasó un año antes de que volviera a la carga.
Esta
vez, con Blue Company, una empresa que armó junto a Alvaro Portugal. Un
emprendimiento que se definió en sus inicios como “bootstrapping”; es
decir, uno que no va necesitar nunca tener que reunir capital para
financiarse, ya que obligatoriamente va a desarrollarse de la mano de
las ventas. De hecho, el modelo de negocios se funda en crecer sin
deudas y de la mano de los clientes. Que no es otra cosa que la vieja,
pero efectiva, filosofía de “peso vendido, peso gastado”.
El primer producto de Blue Company se llamó Blue Cricket y era un
programa de correo colaborativo. “Estructuraba los flujos de trabajo y
pretendía mejorar la comunicación y los procesos en las empresas”,
recuerda Colonnello. “El programa era de código abierto. O sea, la base
del negocio era cobrar por el soporte, el problema es que si bien Blue
Cricket funcionaba perfecto, más que nada ponía en evidencia los
problemas en las organizaciones y así éstas terminaban llamando a otras
empresas para que los asesoraran en mejorar los problemas que nuestro
software había detectado”.
El segundo intento de la firma fue Blue Box. Y esta vez también
involucraba hardware. Se trataba nada menos que de una caja diseñada y
fabricada por ellos y que convertía a cualquier pantalla (monitor o
televisor) en un computador. Uno, simplemente, conectaba la pequeña
caja y podía acceder a sus programas y archivos que permanecían
guardados en Internet. Era el año 2004 y Colonnello ya vendía la nube,
una tecnología que años después empresas como Amazon y Google empezaron
a comercializar y que actualmente es considerada el futuro absoluto de
la informática.
Pero, ¿qué pasó? ¿Por qué nunca supimos de Blue Box? ¿Por qué Blue
Company no apareció en el ranking de Forbes 500? “No era un negocio
para una compañía como nosotros. Las cajas las mandábamos a hacer a
India y a China y nos dejaban muy poco margen. Además, tratamos de
vender el servicio, pero nadie nos tomó en cuenta. A los ejecutivos les
encantaba el producto, pero siempre topábamos en las mismas preguntas:
‘¿En qué en otro país se usa? ¿Es importado?’. Y cuando les decíamos
que era nuestro, que lo habíamos diseñado aquí, que la idea era
nuestra, dudaban. Ahí nos quedó claro que en Chile se puede innovar,
pero siempre y cuando sea un innovación probada”, puntualiza Colonnello.
Conscientes de que no era el tiempo para Blue Box, decidieron hacer
otro intento. Esta vez con Bligoo, un sitio web que permite formar
comunidades en Internet y que lanzaron en 2007. El servicio funciona
como una plataforma de blogs, pero tiene una serie de herramientas que
promueven el desarrollo de las comunidades (algo muy cercano a lo hace
en Estados Unidos Ning.com, que el año pasado acumuló cerca de 500
millones de dólares en capital). Apenas inaugurado, el servicio se
posicionó rápidamente como uno de los sitios favoritos de la comunidad
bloguera hispanoamericana y en poco tiempo se ha establecido como el
cuartel de más 20 mil comunidades y más 200 mil usuarios inscritos. “Al
mes tenemos cerca de 5 millones de visitas únicas. Lo que no es malo,
si consideras que nuestra promoción ha sido básicamente de boca en boca
y muy centrada en Chile”, aclara Colonnello.
No lo refutamos: la cifra de visitas es buena y mantiene el negocio.
Pero para un tipo que quiere cambiar el mundo obviamente no es
suficiente. Por eso, el 12 de octubre lanzaron versiones de Bligoo en
tres idiomas y desarrolladas especialmente para Argentina, Colombia,
Brasil, México, España y Estados Unidos. “Apostamos al mundo hispano y
estamos seguros de que podemos entregar un servicio que sirva a toda la
región. Notamos que muchas de las comunidades de Bligoo tienen un foco
de cambio social.
Están Santiago Hermoso, que se trata de reencantar a
la gente con la ciudad, o Casa Grande, un colectivo de poetas que hace
poco bombardeó con poemas a Varsovia”, cuenta Colonnello. Y sigue: “por
eso, nuestra estrategia de crecimiento, además de entregar herramientas
que funcionan y son útiles, es acercarnos a las ONG. Ellas ya tienen
una base de seguidores y se pueden beneficiar de nuestros servicios”.
¿Y el futuro? “Lo que sigue es aumentar nuestro tráfico, de manera que
la mitad sea de Chile y la otra mitad provenga del resto del mundo.
Para 2011 tenemos como meta aumentar en 20 veces nuestro tráfico”,
proyecta Colonnello, mientras revisa las fórmulas de la pizarra, la
misma en la que tiene anotado cómo va conquistar el mundo.













Leonardo Maldonado (cc) 2009
siguen imprimiendo esa revista
A mi me dejaron de enviar la revista ¿no habrá quebrado no? sería mucho que quebrase una revista economica