Por Víctor Hugo Purón Fonseca
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Si darse cuenta de la crisis y hablar de ella sólo se tratara de profecía autocumplida o efecto Pigmalión -como se le atribuye al Gabo tal conclusión, a partir de una fábula moderna que tiene, según veo, otro sentido-, no sería este un incendio y una estampida reales, un más que gravitante peligro sobre todos los pueblos, una monstruosa presencia cierta en la propia sala de cualquiera.
La advertencia hecha tempranamente por Carlos Marx no fue (no es), válganos, mera profecía, como la que hubiera emitido la inspiración de una madrugadora vieja en ayunas o cualquier adivinador de cábalas por afición o impulso, sino acción consciente y de praxis como veedor profundo en las entrañas de los pueblos, para que así lo definiera José Martí, y descubridor de los mecanismos socioeconómicos que provocan las crisis.
El moro alemán y universal dijo lo que dijo porque conocía profundamente y sin aspavientos cómo estaba hecha la sociedad y a dónde la conducía irremisiblemente esa forma de ser, por leyes del sistema de las relaciones entre las personas.
Incluso, para mal llevar cualquier sambenito de profeta místico, tuvo el acierto, como buen revolucionario de su tiempo, de ser lo suficientemente apasionado para imprecisar el acabose futuro con el argumento -que devino insuficiente- de las crisis cíclicas y cada vez más profundas.
Ni imaginarse podía el gran aguafiestas del capital la globalización integral contemporánea de todos los absolutos, que se ha dado en este mundo multiconectado para anunciar una crisis de nuevo tipo como es la actual: económica, financiera, alimentaria y ecológica.
Nadie, pues, ya que ni siquiera hubiera podido serlo el todopoderoso Marx, ha sido autocumplidor de su profecía ni cuco moderno de sí mismo. Lo incontrovertible es que aunque el estropicio acaece en las cúpulas financieras, sus consecuencias vienen a parar, como platos rotos que deben pagarse, a las más humildes cabañas. "Han echado basura en mi verde jardín", podría decirse con el poeta cantor Silvio Rodríguez.
El viejo metemiedos del saco sigue siendo el mismo capitalismo de antes pero más decrépito y más maldito, que convierte su real mandamás -el dinero- en papelitos desvalorizados, después que juró y perjuró que tanto valían los virtuales valores de su casino especultativo como las cosas verdaderas que se emplean para satisfacer en rigor el alma y el cuerpo de la gente.
El mismísimo que acaba con el medio ambiente y los recursos naturales, convierte la comida en combustibles mientras cientos de millones de personas no tienen que comer, deja sin trabajo a otras decenas de millones entre los cuales hay gente que incluso decide preferir estar muerto a vivir en esa locura y él mismo se agencia el pasaje sin regreso al más allá.
Ninguna mentira diría quien en el billar del pueblo comunique, aún después de fallar la carambola sencilla, que el que le vende la carne al carnicero lo hace cada vez más caro, este último ha subido a la estratósfera los precios sobre el mostrador y la vieja que antes compraba una libra ahora sólo le llega con sus quilos a cuatro onzas de piltrafa, lo cual es de por sí algo bastante extraordinario.
Por el contrario, hace bien en avisar sin alarmismo irresponsable, pero con precisión objetiva, a los despreocupados parroquianos del billar que esta misma tarde el pueblo de hace un rato no será el mismo, y que la solución no es pegarle candela e irse con los cheles a otra parte, a una supuesta tierra dorada "fuera de esta mierda llena de egoísmo" -también aprovechando a otro inspirado cantautor cubano-, sino rebuscar en casa propia esas grandes riquezas que les permitan seguir viviendo en él.
Un patíbulo o similar remedio radical de caballo, quería Martí en los pueblos para quien no les dijera a tiempo la verdad.





-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.
Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. 







Leonardo Maldonado (cc) 2009
Muy buen Post
Leo encontré muy bueno tu post y es claramente una historia para contarle a las personas cuando te preguntan sobre la crisis financiera, sobre todo para alguien que estudia una carrera como ingeniería comercial.
felicitaciones por la entrada.
juanjo